Una serie de ataques ejecutados por Israel y Estados Unidos ha provocado la muerte de altos funcionarios políticos, militares y religiosos de Irán, en lo que se considera uno de los mayores golpes a la estructura de poder del país en las últimas décadas.

Entre las víctimas más destacadas se encuentra el líder supremo, Alí Jameneí, quien falleció el pasado 28 de febrero durante los primeros bombardeos. Jameneí era la máxima autoridad del Estado iraní desde 1989 y su muerte marca un antes y un después en la política del país.

También murió Alí Lariyani, figura clave en la seguridad nacional y uno de los hombres más influyentes del sistema político iraní, tras un ataque en Teherán el 17 de marzo.
En el ámbito militar, fueron abatidos altos mandos como el jefe del Estado Mayor, Abdorrahim Musaví, y el comandante de la Guardia Revolucionaria, Mohamad Pakpur, ambos piezas fundamentales en la estrategia de defensa del país.
Asimismo, el conflicto cobró la vida del ministro de Defensa, Aziz Nasirzadeh, y del ministro de Inteligencia, Ismail Jatib, debilitando significativamente los órganos de seguridad interna y externa.
Las bajas también alcanzaron a la milicia Basij, donde murió su comandante, Gholamreza Soleimani, así como a otros altos oficiales vinculados a operaciones de inteligencia.
El gobierno de Irán ha calificado a los fallecidos como “mártires” y ha reiterado su compromiso de responder a los ataques, lo que mantiene en tensión a toda la región de Medio Oriente y genera preocupación a nivel internacional por una posible escalada del conflicto.
Expertos advierten que la eliminación de figuras clave del liderazgo iraní podría desencadenar cambios profundos en la estructura política del país, así como nuevas fases de confrontación en el escenario global.
