En diversas calles del Distrito Nacional, los llamados parqueadores informales se han convertido en una presencia cotidiana. Durante años, muchos de ellos han asumido los espacios públicos como su lugar de trabajo, ofreciendo ayuda para estacionar vehículos y cuidar automóviles a cambio de una compensación voluntaria.
Con el paso del tiempo, esta actividad ha dado origen a una especie de “empresa ambulante” sin dueños ni jefes, donde cada trabajador establece sus propias reglas y depende del trato con los conductores para obtener ingresos diarios.
Un oficio que surge por necesidad
Durante un recorrido realizado por distintas zonas del Distrito Nacional, varios parqueadores narraron cómo iniciaron en esta actividad y de qué manera logran sostener a sus familias.
Uno de ellos es Michel Reyes, quien trabaja frente al Congreso Nacional de la República Dominicana ayudando a estacionar vehículos de empleados públicos y visitantes.
Reyes asegura que lleva más de 15 años en el área. Inicialmente vendía agua, refrescos y otras bebidas, pero tuvo que abandonar ese negocio cuando dejaron de suplirle los productos.
“Los mismos parqueadores de la zona me dijeron: ‘ponte a parquear’, y así fue que empecé”, relató.
Según explicó, en los días más difíciles puede llevar a su casa entre RD$1,200 y RD$1,500, aunque en jornadas con mayor movimiento sus ingresos pueden ser mayores. No establece una tarifa fija y recibe lo que cada conductor decide pagar.
Sin embargo, reconoce que no todos valoran el servicio.
“Hay personas abusivas que se van sin pagar después que uno los ayuda”, comentó. En algunos casos, admitió haber reaccionado con enojo cuando siente que su trabajo no es respetado.
Jornadas largas para sostener a la familia
Otro parqueador es José Julio Sentil, quien trabaja cerca de la sede central de la Universidad Dominicana O&M.
Sentil explicó que su jornada comienza a las 5:00 de la mañana y termina alrededor de las 10:00 de la noche, aprovechando el horario de empleados de instituciones cercanas y estudiantes universitarios.
Padre de dos hijos y principal sostén económico de su hogar, asegura que lleva más de 30 años en este oficio.
“Yo cojo hasta la gracia que me den, porque la calle es libre”, expresó, reconociendo que el espacio público no le pertenece, pero que el servicio que ofrece es valorado por muchos conductores.
Según relató, puede ganar entre RD$1,000 y RD$2,000 diarios, lo que considera un ingreso estable porque no requiere inversión inicial.
La confianza con sus clientes ha llegado a tal punto que algunos le dejan las llaves de sus vehículos, que guarda en un bolso mientras permanecen estacionados.
Conflictos con autoridades
El trabajo de los parqueadores informales también ha generado conflictos con autoridades como la Policía Nacional de la República Dominicana, la Alcaldía del Distrito Nacional y agentes de la Digesett.
Luis Antonio, quien trabaja en los alrededores del Parque Eugenio María de Hostos, explicó que en ocasiones las autoridades realizan operativos para retirar a vendedores y parqueadores de la zona.
“Cuando ellos vienen con el camión hay que recogerse”, relató.
A pesar de estas situaciones, continúa desempeñando su labor, con ingresos que pueden oscilar entre RD$1,500 y RD$3,000 diarios.
Décadas dedicadas al oficio
Uno de los parqueadores con mayor trayectoria es Juan Carlos Castillo, quien asegura trabajar desde 1983 estacionando vehículos en los alrededores de la Palacio de Justicia de Ciudad Nueva.
Castillo afirma que su única fuente de sustento ha sido esta actividad durante más de cuatro décadas.
“Yo no tengo precio. La gente me da lo que quiera”, dijo, señalando que su relación con los conductores se basa en el trato y la confianza.
Según explicó, sus ingresos diarios pueden variar entre RD$2,000 y RD$3,000, aunque algunos clientes le han dado cantidades mayores en agradecimiento por su servicio.
Opiniones de quienes utilizan el servicio
Algunos conductores consideran que los parqueadores cumplen una función útil en zonas donde escasean los espacios de estacionamiento.
Richard Rosario, abogado y empleado de la Fiscalía, afirmó que durante años ha confiado en ellos para dejar su vehículo.
“No tengo queja. Son muy decentes. Si yo quiero dar mil pesos, sale de mí”, expresó.
Otros comerciantes de la zona también opinan que su presencia contribuye a mantener cierto orden en áreas donde la demanda de estacionamientos supera la oferta.
Una realidad urbana
Aunque los propios parqueadores reconocen que las calles son espacios públicos, muchos continúan ofreciendo este servicio como una forma de ganarse la vida.
Para algunos ciudadanos, representan una solución práctica ante la falta de estacionamientos; para otros, una actividad informal que requiere regulación.
Mientras tanto, en diferentes puntos de la ciudad, estos trabajadores siguen ocupando las aceras y calles, formando parte del paisaje cotidiano de la capital dominicana.



