El deseo de alcanzar una mejor calidad de vida continúa empujando a cientos de dominicanos a emprender peligrosos viajes irregulares por mar hacia Puerto Rico, una travesía marcada por la incertidumbre, la precariedad y, en muchos casos, por desenlaces fatales.
Permanecer más de 24 horas en alta mar, hacinados en embarcaciones improvisadas, sin chalecos salvavidas ni condiciones mínimas de seguridad, es una realidad que se repite en cada intento. Aun así, miles asumen el riesgo con la esperanza de acceder a oportunidades que sienten inexistentes en su país de origen.
Factores que impulsan la migración irregular
De acuerdo con la Organización Internacional para las Migraciones (OIM), los dominicanos migran principalmente en busca de empleo, mejores ingresos y estabilidad económica. La entidad señala que la falta de oportunidades laborales, los bajos salarios y la limitada posibilidad de ascenso profesional influyen de manera determinante en esta decisión.
“La percepción de escasas oportunidades en la República Dominicana puede estar incidiendo en la determinación de la población de buscar mejores perspectivas en otros países”, indica el informe Línea Base Perfil dominicanos en viajes irregulares hacia Puerto Rico y Estados Unidos.

Historias marcadas por el dolor
Periodistas del Listín Diario conversaron con residentes de Miches, Sabana de la Mar y comunidades cercanas, muchos de los cuales han intentado o logrado cruzar el mar de forma irregular. Las respuestas suelen coincidir: huir de las deudas, sostener a la familia o simplemente sobrevivir.
Uno de los testimonios más desgarradores es el de Daniel Batista, de 37 años, quien perdió a su pareja embarazada durante un naufragio rumbo a Puerto Rico. Ambos habían vendido todas sus pertenencias para costear el viaje. Aunque él decidió no abordar la yola en el último momento, ella continuó. Nunca regresó.
Más de 15 personas fallecieron en ese intento. “Después de eso, a mí nadie me puede hablar de irse en yola”, expresó Batista, aún afectado por la pérdida.
Desaparecidos sin rastro
La tragedia no siempre deja cuerpos ni respuestas. Desde 2021, Rosebel, hoy de 19 años, y sus hermanos desconocen el paradero de su madre, Ada Guzmán, quien partió en una yola hacia Puerto Rico desde Sabana de la Mar. Nunca llegó, pero tampoco regresó.
Casos como este se repiten en comunidades costeras del país. Familias completas viven en la incertidumbre, sin saber si sus seres queridos fallecieron o permanecen con vida en algún lugar.

Cifras alarmantes
Según el proyecto Migrantes Desaparecidos de la OIM, solo en 2022 se registraron 269 muertes o desapariciones en el Caribe, siendo el ahogamiento por naufragio la principal causa.
Asimismo, el Centro para la Observación Migratoria y el Desarrollo Social en el Caribe (Obmica) reportó que en 2023 al menos 91 personas murieron o desaparecieron en la ruta marítima entre República Dominicana y Puerto Rico, la segunda más letal del Caribe.
La OIM también advierte sobre los llamados “naufragios invisibles”, viajes de los que nunca se obtiene información oficial y cuyos ocupantes simplemente desaparecen.
Persistencia pese al riesgo
A pesar de los peligros, muchos jóvenes insisten. Juan José, de 26 años, ha intentado cruzar hacia Puerto Rico en ocho ocasiones. En todas fue detenido por las autoridades, pero asegura que volvería a intentarlo.
“En el campo no hay oportunidades. Uno quiere ayudar a su familia”, afirmó.
Otros, como Yoel Bastardo, lograron llegar y trabajar por años en Puerto Rico, pero fueron deportados. Aunque hoy vive en el país, no descarta volver a arriesgarse. “Aquí los sueldos no alcanzan para vivir”, sostiene.
Un drama sin responsables claros
Jóvenes y adultos continúan desapareciendo en alta mar, dejando familias fragmentadas y comunidades marcadas por el duelo. Mientras las causas estructurales persistan, la migración irregular seguirá siendo, para muchos dominicanos, una apuesta desesperada entre la vida y la muerte.
